jueves, 26 de julio de 2012
SECCIONES DEL SUPERMERCADO. Y DE TI
Hablamos del verano como si fuera un lugar para quedarse. Incluso para quedarnos. La cuesta que desemboca en la carretera principal, sigue siendo muy parecida a tu rímel cuando se está desperezando. Y por eso hablamos de apartamentos vacíos que por mucho que queramos, no vamos a poder llenarlos. Rellenarlos tal vez, pero ya sabes que no es lo mismo. Esa pulsera aún tiene tus huellas dactilares. Tardaste como unos diez minutos en hacerme el nudo. El ron resaltaba la afinidad de los cables de luz. ¿Cómo coño lo hacías? Tus dedos alumbran la parte de la terraza que declaramos territorio non grato. Tus piernas mantienen intactas e inéditas las palabras mojadas que no soportaron el magnetismo. Mis dientes interactúan con tu saliva de la mejor forma posible: y no lo voy a explicar. Hablamos de supermercados abiertos y de inspeccionar todas y cada una de las secciones como si se nos fuera la vida en ello. Como si la sección de congelados fuese lo más oportuno para el tiempo. Nos perdemos justo antes de llegar a la panadería. El aire acondicionado traslada Groenlandia a mis tobillos. Las luces fluorescentes trasladan nuestra resaca a la vista. Nos reencontramos en la sección de perfumería y este tiempo sin ti no ha estado tan mal. Y comprendo entonces, que aunque estemos en la playa, aunque todo esté impregnado de arena y sal, y haya miles de olores en el aire, sólo soy capaz de distinguir tu perfume. Porque huelo a ti. Y eso no sé si es bueno o malo. Como todo lo que sucede cuando estamos juntos, hasta un tiempo después de que pase, no sabemos si será bueno o malo. Y para entonces, ya no nos importará una mierda. Y por supuesto, será tarde.
¿Te acuerdas de cuando hablábamos del verano como si fuera un lugar para quedarse, incluso para quedarnos? Una estupidez más que añadir. Y que añadirnos.
Ahora simplemente encendemos la luz, buscamos la ropa, nos vestimos y balbuceamos sílabas sin sentido antes de despedirnos. Tú cierras la puerta. Y yo espero al ascensor. Al maldito ascensor que no llega. Al maldito verano que no pasa.
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